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miércoles, junio 22, 2005

Madero para el alma

Esta es la historia de un leñador que pasaba por la vida.
Se levantaba temprano, tomaba su vaso de leche con pan, afilaba sus tres hachas de diferentes tamaños y se encaminaba al monte a derribar árboles. Al mediodía comía la vianda que su mujer le preparaba, descansaba un ratito y seguía con la tala de árboles. A la tarde se reunía con los parroquianos en el bar, se tomaban algunas cervezas, cruzaban algunas palabras.
Llegaba cansado a la noche por el peso de la obligación del trabajo, de la obligación de pasar por la taberna, de las obligaciones impuestas (por la vida) ....
Al llegar a su casa se le abalanzaban sus dos hijos para conseguir jugar con su padre pero él les explicaba lo cansado que estaba. Comía y, casi sin compartir palabras, se iba a descansar hasta el día siguiente.
Estaba atrapado en la monotonía, creía que se sentía a gusto y le era cómodo continuar con su posición.
Era malhumorado, tenía respuestas agresivas como armas y estaba a la defensiva. Tenía explicaciones y justificaciones para todo y era el poseedor de la última palabra. Peleaba por la razón sin razón y tenía amistades porque sí. Los sentimientos los ocultaba y cuando se le escapaba alguno lo empujaba con fuerza hacia lo mas profundo de su ser. En su lenguaje no existía el llanto, ni la risa. Su cara era una piedra.
Llevaba el peso de su pasado, de su infancia, de sus suposiciones. La vida le había sido injusta, no se había portado muy bien con él y el peso iba en aumento a medida que pasaba el tiempo.
Cierto día amaneció sintiéndose extraño. Prosiguió con su rutina aunque había algo dentro que no comprendía. Fue a talar un árbol, que no era como todos los anteriores. Tenía un color especial, como mas vivos, poseía unas florcillas pequeñas, maravillosas y blancas que nunca había visto. Continuando con la rutina le dio un primer hachazo y sintió que algo estaba mal, y no hizo nada por parar ese sentimiento extraño que le brotaba desde su interior. Fue como si se parara la tierra, escuchó como un pequeño quejido incomprendido por él. De la herida emanó una líquido rojo y algo no andaba como de costumbre, los árboles no lo tienen. No se dio cuenta que su corazón se estaba manifestando, que era producto de su imaginación que eran sensaciones internas. Tomó su manga de la camisa, la desgarró y envolvió la herida, y luego salió corriendo, quién sabe a qué dirección., corrió y corrió... se sentía extraño (estaba sintiendo).

Paró por el cansancio y se sentó a la sombra de un viejo árbol en un prado cerca de un arroyo. Observó el agua, las piedras de distintos tamaños, el paisaje en general (miró). Se despertó la emoción. Observó los árboles floreados, frutados, las tres abejitas que volaban, escuchó su zumbido (escuchó). Disfrutó el perfume primaveral (olió). Se dio cuenta que latía, que estaba viviendo, que era.
Repasó su trabajo, su familia, sus amigos y se dio cuenta que no vivía, que pasaba. Qué lindo es vivir, qué maravilloso es sentir. Estuvo una semana yendo al viejo árbol. Estaba aprendiendo, estaba transformándose.
Fue allí donde pensó, meditó, se transformó, y eso se lo había regalado la naturaleza, algo tenía que hacer para devolverle el favor. Se dio cuenta que ya no era obligación sino que era un sentimiento.
Vivió los días siguientes. En la casa y en su entorno fueron viendo y viviendo sus cambios. Se contagiaron de su alegría, de su sonrisa, del amor que tenía por las cosas, el amor por la vida. Estaba iluminando su contorno. Era maravilloso y espectacular. La vida no pasaba , se vivía.
Ahora sigue yendo al viejo árbol y no sólo aprende de él, sino que lleva a sus amigos para que aprendan también. Hoy es jardinero y se dedica a la vida.

Cierto día, mientras era acogido por la sombra del viejo árbol y contemplaba el magnifico paisaje, pensó en lo hermoso que sería que las personas se amaran. Fue a su casa, tomó varios trozos de madera que poseía y talló seis bellos corazones. Los corazones van a servir para representar y manifestar y con ello poder contagiar el mundo. Eligió seis personas especiales que pudieran interpretar el amor y la luminosidad que posee el latir, les regaló los corazones junto a esta carta y les dijo :

Eres una persona muy afortunada porque una persona apasionada, libre y feliz te AMA y esa persona soy Yo. Soy una persona con mucha fortuna porque se que me AMAS.

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