Saber sonreír
Era un día feliz como tantos otros en la vida, caratulado como "el día del niño", en un club de tenis de un barrio residencial muy arbolado próximo a una estación del Ferrocarril Sud, denominación obtenida en viejos carteles de hierro fundido al costado de las vías. Rodeado por grandes caserones con calles adoquinadas, con cantos de pájaros muchas veces inadvertidos por los lugareños. Lleno de muchas tradiciones familiares de antaño, donde prevalecía la apariencia y la vida materialista.
Encontrábamos reunidos cuatro niños, en formidable competencia, imponiendo con aires de grandeza, la supremacía por los regalos obtenidos en los hogares.
Siempre con el cuidando para no ser destronado, donde se imponían no solo las cualidades de los distintos objetos sino también la cantidad.
Entre dires y diretes pasó cerca una niña mas pequeña que nosotros. La conocíamos pero no pertenecía a nuestro grupo.
Poseía un encantador pelo castaño, unos hermosos ojos celeste, y en su cuerpo denotaba la atención que se le tenía a todo personaje de familia numerosa: poca.
Uno de los niños, que no lograba buena puntuación, distrayendo la atención del grupo , le preguntó por su regalo obtenido al pasar. En ese momento en la cara de la niña se dibujó una sonrisa amplia, natural y espontánea. Los ojos color cielo comenzaron a brillar y con una voz angelical y muy pura dijo: "Un Globo".
Una mirada, una sonrisa. Todo.






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